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CORREDORES MIGRATORIOS
Migración y protesta social

Migración y protesta social

Desde México, Élodie Segal analiza en Corredores Migratorios ciertas representaciones contemporáneas de las colectividades migrantes que convienen e interesan al poder y que apuntan a neutralizar “su fuerza vital y política, haciendo desaparecer su fuerza contestataria” al reducir a las personas en situación de movilidad humana a la nostalgia, la desesperación o la desorientación. Estas trampas, escribe Segal, sirven a la dominación por medio de reducciones de lo que significa migrar, por eso, es necesario elaborar constantemente narrativas y análisis sobre la migración que rebasen y cuestionen la condición de “víctima” de la persona migrante para mirarla en dimensiones menos desmovilizadoras.

En las relaciones entre migración, pensamiento y poder, me interesa abordar las dificultades de la teoría crítica contemporánea para explicar los procesos sociales, lo cual responde en gran parte al hecho de que su discurso crítico ha sido absorbido por el capitalismo*. Dicho interés se sustenta en la voluntad de encontrar nuevas herramientas, nuevas maneras de hacer y de escribir las humanidades y las ciencias sociales para abordar la realidad de la migración, como si tuviéramos la certidumbre de que los caminos ya escritos perdieron su fuerza crítica y su fuerza de comprensión, de que el capitalismo contemporáneo ha consolidado sus formas en las arremetidas del presente y, por lo tanto, de que también nosotros como gente comprometida con la tarea de pensar en pos de la transformación social tenemos que cambiar las nuestras para producir una lectura operativa del mundo social contemporáneo. 
La prueba de ello está en la enorme cantidad de información de que disponemos para analizar el fenómeno migratorio, sus desplazamientos, la frontera. Muchas opiniones se dirigen al sentido de afirmar que los migrantes son agitadores, una población vulnerable reflejo de la anomia social o del nihilismo; incluso existen análisis que hablan cada vez más del fascismo contemporáneo en relación con la movilidad humana —ya sea para criticarlo o aplaudirlo—. Del mismo modo, asistimos a un tratamiento similar de la información relativa al análisis de los márgenes y las protestas contemporáneas, sean de mujeres, movimientos indígenas, estudiantes o del pueblo mismo.
Si bien es cierto que hoy las organizaciones sociales y políticas se enfrentan a nuevos retos, para decirlo de manera muy directa, todo eso me hacer pensar en una ausencia de pensamiento acorde a ello, la misma ausencia de pensamiento que observo en las actuales respuestas políticas y en la falta de claridad de las lecturas políticas que podemos hacer a partir de la vulnerabilidad.

En este sentido nos enfrentamos a la necesidad de renovar las metodologías y los discursos sobre la vida, y entiendo que ése es el interés mayor de querer abrir una discusión al respecto, para no caer en las tres trampas relacionadas con la migración, las cuales, a su vez, autorizan por lo menos tres lecturas políticas de la actualidad.

– La primera trampa radica en construir a través de la población migrante y los estudios sobre ella la categoría de “dominado total”, actualmente muy presente en el mundo de la representación utilizada para hablar de los expulsados del capitalismo. En el cine, pienso en el cinema social de Ken Loach, o en la reciente película Joker, que los especialistas intentan hacer pasar por una película política. Asimismo, considero que la categoría “dominación total” también se encuentra presente en la filosofía política y en la literatura. Entiendo y llamo “dominado total” a una categoría de la población que incluye todos los rasgos de la simplificación del determinismo social, entendido como la imposibilidad de superar el esquema social de donde vinimos: dominación familiar, económica, social, afectiva, esto es, madre castradora, falta de trabajo, falta de estudios, deben irse y carecen de las características del macho alfa.
Tras ello se identifica una preocupación ya presente en Jean-Paul Sartre, que sigue operando todavía y tiene que ver con cómo hablar de la dominación desde el espacio de la representación, es decir, desde un espacio que lleva consigo una serie de privilegios. A la vez, en ella se expresa un cambio vinculado a la necesidad de hablar del sufrimiento, de la violencia, de buscar el origen del mal, de entender qué es lo que produce la violencia, qué lo que produce la destrucción. Creo que son preguntas nuevas y también muy fuertes socialmente.
Tales preguntas no pueden pasar por la simplificación, porque corremos el riesgo de convertir al pueblo en masa. En este sentido, las lecturas que representan al sujeto migrante como un “dominado total” consideran a dichos migrantes no como parte del pueblo, sino como masa sin imaginación, en espera de algo que, contra el sistema, no tiene otra cosa que mostrar más que aquello que desea el sistema. Por esto, la categoría de “dominación total” no muestra nada más sino la opresión e impide visibilizar una respuesta política efectiva con la fuerza vital de quien no es por completo dominado.
Ello nos lleva a recordar la idea genial de Baudrillard: para existir como sistema, el sistema necesita un contrasistema y lo justifica con el fin de proponer la misma cosa. Así, la lectura política de la migración, por ejemplo, se realiza desde el conformismo y la estandarización; en ella incluidos y excluidos son los mismos. De acuerdo con esta lectura política la respuesta contestataria no da miedo a nadie, bajo el entendido de que se trata de un reacomodo para obtener lo mismo, los mismos privilegios, e incluso más, en las mismas manos.

– La segunda trampa y la segunda lectura política del contexto actual, que me molesta aún mucho más, exhibe a los migrantes como una masa neurótica o carente de toda racionalidad, recurriendo para ello a la psicología de masas. Así, se los muestra como una masa sin pies ni cabeza dispuesta a sacrificarlo todo, incluidos su país y su familia. Una masa que es tratada en términos de afectividades, de fragilidad, de nostalgia, que tiene la necesidad de retornar, tema muy de moda en los estudios sobre migración. Ello resulta evidente en la forma de presentar tanto el tema de la migración como el de las revueltas contemporáneas. Lo que se ve en la calle son sujetos desorientados, una masa descontrolada, que es exhibida y analizada como sin capacidad de iniciativa, de espíritu, incapaz de crear formas alternativas tanto de ejercicio del poder como de producción económica, que destruye lo que parece celebrar. Es una masa que camina hacia el fascismo, que está en vías de fascitización.

– La tercera trampa radica en tratar el tema de la migración o de los marginales del capitalismo en términos únicamente subjetivos, considerándolos actores que no representan nada en el sistema, una mirada muy presente hoy en la manera de tratar lo social. Así, por ejemplo, al analizar los levantamientos de las mujeres se las piensa como actores histéricos, y por ende, se invisibilizan sus demandas; o, recientemente en la industria del cine hollywoodense, cuando se representa al propio Joker, el gran soldado del caos, se lo hace aparecer como un loco. De modo que se trata de lo que proponen locos y locas lo que hace que todas las propuestas conduzcan a nada o lleven a la locura. En la manera en que suele mostrarse hoy al migrante, se lo neutraliza en su fuerza vital y política, eliminando la posibilidad de otra cosa, haciendo desaparecer su fuerza contestataria, su propuesta alternativa. Por ello, un migrante nunca será otra cosa más que un migrante; la revuelta no sirve de nada, nos recuerdan los portavoces de los poderes dominantes. Y peor aún, rebelarse es incluso ir en contra de uno mismo, no tiene que ver con la liberación pero sí con la alienación, incluso la alienación mental. Rebelarse es clavarse un clavo en el cuerpo. La rebeldía equivale a no moverse. Aquí lo subjetivo supera lo político. Asistimos a una psicologización y a una individualización de los problemas sociales.

Finalmente, lo que inicialmente presenté como una ausencia de pensamiento plantea una hipótesis, le hace el juego al capitalismo, lo mantiene. (https://www.revistacomun.com/blog/unos-espectros-recorren-amrica-la-cada-de-un-migrante-salvadoreo-y-su-nia). Así se muestra a un pueblo que ni siquiera es pueblo, sólo una masa sin cerebro, porque es preferible invisibilizar las nuevas demandas que se forjan en el capitalismo contemporáneo ocultándolas tras el velo de la locura, de la histeria o diciendo que proviene de una masa anómica, para con ello invisibilizar lo que se está construyendo como protesta y proyecto político alternativo a nivel internacional.

* Este texto fue escrito para la presentación del número 53 de la revista mexicana Historia y Grafía, realizada en octubre de 2019 en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Las cuatro personas convocadas en ese Dossier pretendimos despegarnos de las trampas de hoy para intentar pensar en la urgencia de elaborar una teoría crítica de la migración desde nuestros campos. En este sentido, Ricardo Nava propuso una “Ontología del archivo”; Joseba Buj elaboró el concepto de ethos negativo para permitirnos reconocer a una población desde su propia negatividad; y, por su parte, Cristina Burneo Salazar analizó las potencialidades de la traducción para la creación de un mundo político nuevo; en mi caso, analizo tales potencialidades proponiendo un postexistencialismo libertario. En este link, el dossier sobre migraciones de Historia y Grafía:  http://www.revistahistoriaygrafia.com.mx/index.php/HyG

Élodie Segal

Vive y trabaja en México, donde es docente de la UAM (Universidad Autónoma Metropolitana, Cuajimalpa). Se especializa en estudios sobre el trabajo, alternativas a la economía clásica y su impacto sobre la subjetividad. Es columnista y cofundadora de revistacomun, proyecto autogestivo que busca dar cabida a las izquierdas que dialogan en el presente, en donde mantiene su espacio Letra libertaria.

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